mayo 01, 2011

Cazadora

Poner el ojo
poner la bala
mirar la presa
rondar
y luego atacar.

A veces la presa caía fácil
otras, se resistía...

Entonces la cazadora volvía a su punto de observación, hasta que la presa de nuevo se acercaba y recibía el diestro golpe que la dejaba rendida y confundida a los pies de la cazadora.

Algunas cabezas adornaron por un tiempo las paredes del hogar de la cazadora, otras presas no fueron ni siquiera recogidas y quedaron por ahí, a merced de los carroñeros. Otras presas , las más raras, fueron objeto del cuidado de la cazadora...y no pudo acabar completamente con ellas.

Ahora, la cazadora cuelga su arco y guarda sus flechas y la ponzoña, yo no quiere cazar...tiene paz en alma y amor en los ojos...
Cada día espera a que vuelva quien apaciguó sus ansias de cacería.

(Tomado prestado de una amiga, porque me identifico)

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