enero 14, 2012

Enrique

Creo que en ese tiempo ya estaba embarazada. Sólo que no lo sabía aún.
Me había separado hacía algunos meses, y ahora me encontraba en medio de una relación bastante incierta. No hace falta decir que estaba bastante deprimida y con ganas de mandar el mundo al carajo.
A raíz de mi separación, me había quedado sin un lugar donde vivir, y prácticamente no tenía qué comer, porque tampoco había conseguido encontrar trabajo.
En estas condiciones me encontraba, cuando una tarde mis errantes pasos me llevaron hasta el paseo Baquedano. Tenía poco dinero, pero no pude resistir a uno de mis mayores vicios, un café.  Entré a un lugar y pedí un café y un sándwich, todo un derroche, considerando mi paupérrima situación.  Y ahí estaba él. De hecho era la única otra persona en el lugar. Buscó conversación y me invitó otro café. Era fácil confiar en un extraño. “El amor muere con el matrimonio”, dijo; “Te lo digo por experiencia propia”. Conversamos bastante esa tarde. De lo bueno, de lo malo, del amor y del odio. Me pidió mi número de teléfono y dijo que me llamaría alguna vez. No le creí.
Días después recibí su llamado. Me invitaba a almorzar. Nos vimos un par de veces más, siempre conversábamos mucho, y alguna vez terminamos almorzando con algunos señores alcaldes y concejales, por lo que nuestro almuerzo terminó convirtiéndose en una reunión de campaña.  Se habrán imaginado todos esos señores que estaban almorzando con una infiltrada de izquierda?
Luego, no lo volví a ver. Debido al constante acoso de mi ex me vi obligada a cambiar de teléfono, así que si alguna vez me volvió a llamar, sólo se encontró con el buzón de voz, o quizás con el aviso de que ese número no existía.
Pasaron meses, o tal vez un par de años. Hace algún tiempo, luego de comprar el diario, lo leí en la portada: Enrique había muerto.  No podía creerlo. A pesar de lo poco que lo conocí, llegué a sentir afecto por él, por los muchos buenos y sabios consejos que me dio, y por haberme tendido la mano cuando más lo necesitaba.
Enrique murió de cáncer.
Creo que en ese tiempo ya estaba enfermo de cáncer. Sólo que no lo sabía aún.
O tal vez sí. 

3 comentarios:

payaseitor dijo...

q buena historia.... lo malo es q en baquedano no venden buen café :S

Ezequiel Salado dijo...

Me gustó tu blog. Cuidate.

Ezequiel Salado dijo...

Me gustó tu blog. Cuidate.