septiembre 27, 2012

Se murió a medio camino...


El texto a continuación fue uno de mis muchos intentos de escribir un monólogo para mi clase de teatro, pero murió a medio camino. Se murió porque la muerte es uno de aquellos temas en que tengo tanto que decir, que no cabía todo en un solo texto y terminé perdiendo la inspiración. De todos modos, ahí va:


No todos se toman la muerte, ni la vida, de la misma manera.
Alguna vez alguien me preguntó qué era lo que yo esperaba de la vida, y le respondí que mi única meta en la vida era morir en paz. Y no, no me miren como un bicho raro. Me refiero simplemente que si al momento de morir tengo paz, significará que fui feliz, que me voy de esta vida con la conciencia tranquila.
Mi visión de la muerte, probablemente se debe a que mi familia es bastante grande, por lo tanto creo que he visto más familiares muertos que la gran mayoría de las personas que conozco: abuelos, tíos, tíos abuelos, bisabuelos, primos grandes y pequeños… De hecho, el día de mi primer cumpleaños, murió mi abuelo. Durante los próximos diez años, pasé la mañana de mi cumpleaños visitando su tumba en el cementerio.
Tal vez es por eso que me siento cómoda en los cementerios. Me gusta pasear por ellos, sentarme a leer, fotografiar tumbas antiguas, imaginar las historias de las personas que fueron enterradas allí. Encuentro entre los muertos una paz que difícilmente se siente entre los vivos. Y es curioso, ya que la gran mayoría de las personas le teme a estos lugares: creen que verán fantasmas o apariciones. Yo no les temo, al fin y al cabo, probablemente termine siendo uno de ellos.

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