noviembre 05, 2012

Por lo menos no te pega!


Ay Niña! Por lo menos no te pega! Al menos no tiene otra!

Y con eso habrá que conformarse?

Todas crecemos creyendo en el príncipe azul, un hombre que nos hará inmensamente felices para siempre, como en los cuentos de hadas.

Luego de besar muchos, que resultaron ser sólo miserables sapos, llega un momento en el que creemos haber encontrado al tan anhelado príncipe, el momento en que pensamos que todos nuestros sueños y fantasías al fin se harán realidad, que viviremos felices para siempre.

Pero no. Resulta que era sólo un sapo disfrazado de príncipe, y nosotras, ilusas, no logramos darnos cuenta del engaño a tiempo.
Y luego de que nos tienen seguras en sus manos, es que comienzan a sacar las garras y demostrar quienes son en realidad.

-          Mi amor que es tontita usted!
-          Ya, déjese de hablar tonteras!
-          Estás más gorda!
-          Estás fea!
-          Y esto hiciste de almuerzo?
-          Por tu culpa no podemos tener hijos!
-          Cállate estúpida!

Y que te venga a decir estúpida un tipo con el coeficiente intelectual de una ameba! Dios!

Y no nos damos cuenta, porque las palabras no son tan obvias como un golpe. Y no nos damos cuenta, porque estamos enamoradas. O a veces nos damos cuenta, pero nos gana el orgullo y no queremos admitir que nos equivocamos. Nos damos cuenta, pero nos gana el miedo de quedarnos solas, el miedo a no merecer algo mejor, a no merecer amor.

Y es que … es tan difícil comprobar el daño que te han hecho. Si me pegan, puedo ir y mostrar los moretones, pero cómo me arranco el corazón y lo muestro para que vean cómo un hombre lo destrozó? Cómo demuestro que mi amor propio ha sido disminuido y pisoteado?

Además … cuando te atreves a decirlo, te encuentras con frases como:

-          A tu edad, te va a ser difícil encontrar a alguien más!
-          Deberías dar gracias de que por lo menos no tiene otra!
-          Ay Niña! Por lo menos no te pega!

Y miras a tu alrededor y te preguntas si eres tú la que se equivoca, te preguntas si eres tú la que exige demasiado. Porque si te fijas, ves cientos, miles de mujeres en la misma situación, y no se quejan! Mujeres inexistentes, sin sueños, sin metas, sin opinión. Mujeres dedicadas a un hombre que no las considera como su igual. Miras a tu alrededor y llega un punto en el que te preguntas si tal vez eso es lo normal, y eres tú la que pide demasiado.

Y así pasa el tiempo. Y seguimos soportando, acumulando humillaciones y decepciones. Malos tratos, culpas, soledad… Yo soporté 2 años. Otras más desafortunadas, como mi madre, 20.

Sin importar cuánto tiempo haya pasado, lo importante es abrir los ojos, recuperar el amor por nosotras mismas, llenarse de fuerzas, decir BASTA!… y tener conciencia de que el maltrato no es sólo físico; las palabras también duelen, las palabras también matan.


Monólogo para mi taller de teatro en Akana Teatro

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